About Espacio Vedanta

Palma de Mallorca

septiembre 2017

NATURALEZA – ECKART TOLLE

NATURALEZA – Eckhart Tolle

Publicado por Presente Consciente en Jueves, 27 de julio de 2017

CURSO DE MINDFULNESS – REDUCCIÓN DE ESTRÉS Y PRÁCTICA DE LA ATENCIÓN PLENA

CURSO DE BIODINAMICA CRANEOSACRAL, comenzamos el 29 de septiembre

julio 2017

Quietud Biodinámica

En este curso se nos brinda la oportunidad de escuchar con plena atención desde nuestro centro. Nos adentraremos en nosotros mismos al entrar en contacto con otras personas, lo que nos permite gradualmente ir tomando consciencia de quienes somos en realidad

Desde la Quietud podemos descubrir en que lugar nos encontramos internamente en la práctica compartida.

La Quietud no es algo que hagamos, es ser, ser en el centro de quienes somos realmente;
es algo que compartimos con el universo mismo. Este lugar de Quietud en el centro es
dinámico. “En el punto de quietud del mundo que gira… ahí está el baile“
T.S. Elliot.

La quietud no está sujeta al ego. No es posible trabajar en la quietud desde el nivel del ego. Trabajar en la quietud es trabajar en relación con otro sin conciencia de tuyo o mío.
Trabajamos desde el ser que común a todos nosotros, es lo que encarna en nosotros en el momento de la concepción y lo que da vida al código genético. El breve momento de quietud antes de que empiece la explosión de la célula, es el centro del mundo girante que describe T.S. Elliot.
Tocar esta experiencia es renacer en el presente. Lo que intentamos hacer, en práctica compartida con otro, es entrar en un estado que está por debajo de lo que es anterior al nivel en que la enfermedad viene al Ser. Un lugar de Quietud o intención original, aún no expresada, donde existe la elección, mediante el recuerdo de esa intención original, de no ser víctimas de experiencias de vida no digeridas que nos restan fuerza y capacidad.
Lo que se requiere del terapeuta es una renuncia al saber, que es limitado, y una entrada en la inseguridad del desconocimiento, que conlleva un potencial infinito.

Un renacimiento en el presente constante. Todos tenemos un “como estamos diseñados para ser”, una forma evolutiva momento a momento, que a lo largo de nuestro desarrollo se ha modificado en función de la acumulación de experiencias no-digeridas que llevamos con nosotros. Estas están tan cristalizadas, tan atrincheradas, que
ahora creemos que eso es lo que somos. Esto no es lo que somos en verdad, sino una expresión de lo que hemos hecho y de lo se nos ha hecho.

Todos nos sentimos separados de nuestro verdadero ser por todo este material que ya no está presente en sentido real, sino que es una huella del ayer.

Este curso está dirigido a todo aquel que quiera profundizar en su propio camino espiritual, ya que el Practicioner nos conduce desde su Quietud hacia nuestra propia Presencia en Quietud.

Mike Boxhall señala que la sanación puede emerger cuando somos escuchados
completamente en el profundo nivel del Ser. “Trabajemos en esto, como una prioridad,
en lugar de sólo aliviar los síntomas experimentados. Nuestra tarea es reflejar la
plenitud en todo ser humano.”

Partimos de la Biodinámica:

La Terapia Craneosacral de donde partimos, es una terapia extremadamente sutil y delicada orientada a facilitar a través de un ligero toque, casi simplemente con la intención de la mente, el funcionamiento óptimo del cuerpo y mente del paciente. Aliviándolo de las restricciones a su expansión, contracción y expresión naturales.

Podemos enfocarnos en la estructura corporal y en la relación entre estructuras. Podemos enfocarnos en los fluidos que fluyen por el sistema corporal y lo nutren. También podemos enfocarnos en el sistema nervioso central y sus ramificaciones. Cualquier enfoque que elijamos será inevitablemente reduccionista y limitante. La cuestión es que una intelectualización y una codificación, aunque no es un diagnóstico, también puede ser limitadora en mayor o menor medida.

Lo que conocemos tiende a limitar lo que podríamos conocer. Esto es reduccionismo. La idea es aceptar y permitir la posibilidad de la revelación infinita de lo que es, sin sentir nunca la necesidad de cuantificar o detener esa revelación.

Ser escuchado es ser sanado. Ser escuchado plenamente es ser sanado plenamente. Y no podemos ser escuchados por una mente ocupada y llena de parloteo, y renunciar a saber crea inseguridad en el terapeuta.

Quietud:

 El núcleo de nuestro Ser es un estado de quietud pura y no manifestada. Este es el lugar de nuestra naturaleza profunda. Este estado básico subyace a todos nuestros rasgos individuales, a nuestra personalidad y a todos nuestros actos. Es como el fondo del mar. A este nivel no existe la dualidad, no hay sujeto ni objeto. Es nuestro estado primordial y fundamental. Vacío y Luz.

Este estado de Quietud es la base de todas las formas no manifestadas y en el se encuentra el pleno Potencial de todas las formas.
Todas las expresiones de Vida Emergen de la Quietud. A medida que nuestro Ser se va manifestando, el Aliento de Vida comienza a expresarse como una sucesión de movimientos.

Emergemos de la Forma o Vacío, surgiendo como Individuos. Este proceso de Creación de repite en cada momento de nuestra vida y se organiza en torno al Aliento de Vida que Sutherland definió como el mar de fondo.

Este movimiento de mar de fondo surge como una fuerza centrifuga, seguida de una fuerza centrípeta hacia la fuente. Estas fuerzas centrifugas y centrípetas surgen rítmicamente de la Fuente y vuelven a ella, siendo la expresión más básica de la vida. Pueden ser percibidas como movimientos espirales de energía, enroscándose y desenroscándose.

La Práctica:

  • El paciente tumbado en la camilla siente el contacto ligero de las manos del terapeuta que escucha los movimientos sutiles del cuerpo, sus ritmos y pulsaciones y áreas y patrones de congestión.
  • El terapeuta hace de espejo al cuerpo del paciente y refleja el patrón restrictivo y congestiónante. El cuerpo tiene la oportunidad de reconocer el patrón limitante y la posibilidad de soltarlo, facilitando una nueva reorganización que libera los sistemas corporales.
  • El cuerpo hace un proceso homeostático y el sistema cuerpo-mente se equilibra y corrige a si mismo al recibir la información de su propio desequilibrio.
  • El Terapeuta nunca hace nada, ni se impone sobre el cuerpo del paciente. Tampoco fuerza al organismo haciendo algo para lo que todavía no tiene recursos. Por tanto, es el Sistema del paciente el que dirige su propio proceso de sanación.
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NATUROPATIA

Su objetivo es estimular la capacidad curativa innata del organismo y facilitar sus mecanismos de equilibrio para alcanzar un buen estado de salud, y promueve el principio de no hacer daño.

HOMEOPATIA

La homeopatía es una terapia que consiste en administrar la dosis mínima efectiva de una sustancia, capaz de activar las defensas del paciente. Te contamos en qué casos está indicada y cómo se elaboran sus remedios.

junio 2017

Espacio Vedanta

mayo 2017

Un día de Mindfulness – Atención Plena

Iniciación de Reiki nivel 1

noviembre 2016

Los seres humanos emitimos luz (y esa luz dice muchas cosas)

Estamos quizá ante uno de los descubrimientos científicos más fascinantes del siglo XX.  Alexander Gurwitsch, fue el que descubrió que los seres humanos emitíamos luz. En 1923, Gurwistch, también descubrió que los campos morfogenéticos, emitían una luz ultra débil dentro del rango de la luz ultravioleta; llamó a esto “radiación mitogenética”, al considerar que estaba relacionada con la división celular y el desarrollo morfológico del organismo; según Gurwistch la luz permitía que el campo morfogenético controlará el desarrollo embrionario. El descubrimiento, polémico y visionario, cayó mayormente en el olvido hasta que en la década de los setena, el científico alemán Fritz Albert Popp lo retomara.

Popp confirmó las observaciones de Gurwistch utilizando tecnología de “foto-multiplicación” ultra sensible y logró comprobar que el ser humano también emite luz, esto es lo que hoy se conoce como biofotones. Popp explica (1986):

“Prácticamente todos los organismos emiten luz a un ritmo estable desde unos pocos fotones por célula al día hasta varios fotos por organismo por segundo. Un creciente número de observaciones en los últimos 15 años en diferentes laboratorios en todo el mundo sugieren que los biofotones son emitidos por un campo coherente de fotones dentro de los sistemas vivientes. Los organismos son emisores y muy probablemente también receptores de señales electromagnéticas que parecen ser esenciales para su funcionamiento.”

La teoría de Popp sugiere que las células almacenan la luz del Sol y la luz que reciben de otros organismos y que el tiempo que logran almacenar la luz está relacionado a la duración y a la salud de la célula. Tenemos aquí las bases de un nuevo vitalismo.

Lo anterior aplica también a la fuerza nutritiva que tienen los alimentos. “Es muy probable que la calidad de la comida sea mejor cuanto mayor sea su capacidad de almacenar luz, y por eso medimos capacidad de almacenar luz”, dice Popp. En un trabajo para un conferencia, junto con la bióloga Mae Wan Ho, Popp hace referencia a la concepción de la vida de Albert Szen-Gyorgi, que es considerado como el padre de la bioquímica moderna: “la vida es la interposición entre dos niveles de energía de un electrón: el estado base y el estado excitado y, más aún, ya que es el electrón el que recorre el circuito, la vida en realidad es una pequeña corriente eléctrica dando vueltas y conectando a toda la naturaleza con el Sol y la Tierra”.

Esto parece coincidir con  la idea del famoso físico austriaco Erwin Shrödinger, quien postuló que las células vivas conservan altos niveles de organización absorbiendo “orden” del ambiente y este “orden” es obtenido de de la luz del Sol. A esta visión de la vida como la conexión electromagnética entre el Sol y todos los seres vivos, hay que añadir la también poética observación de Popp de que las células justo antes de morir incrementan su radiación biofotónica de manera exponencial, como si fueran supernovas. Millones de pequeñas estrellas mueren y nacen cada instante en nuestro cuerpo. Esto sugiere que una célula muere cuando pierde su capacidad de almacenar

Observaciones subsecuentes, han hecho que Popp considere que el grado de organización coherente de la emisión biofotónica de un organismo se correlaciona con la salud del mismo. Células cancerígenas, por ejemplo, carecen de coherencia; personas con esclerosis múltiples absorben demasiada luz y tienen un exceso de coherencia; personas en estado de estés igualmente emiten biofotones a ritmos acelerados en un esfuerzo por recobrar el equilibrio del organismo, el cual puede agotar las reservas de energía biofotónica en las células.

El hijo de Fritz Popp, Alexander, en una entrevista explica la relación entre el cáncer y la coherencia de la luz vital del organismo:

El cáncer es una falla en la comunicación entre las células que determinan el ritmo de crecimiento de manera precisa… El cáncer es entonces un error de coherencia que ocurre en la comunicación que se lleva a cabo a través de la luz. Y esta falla de consistencia puede detectarse por una medición, como lo hemos hechos en tiempos recientes.

Lo anterior nos sugiere que la salud es un estado de coherencia, es decir, de simetría y ritmo comunicacional entre las células que hablan un lenguaje de luz. En una investigación científica reciente publicada en jornal Gerontology and Geriatic Research, Hugo Nigil concluye que “Una síntesis de la investigación biofotónica actual, sugiere que los fotones ultra débiles en las células son los portadores de toda la información dentro de las células y los organismos”. Popp va más allá y sugiere que esta misma luz que parece orquestar los procesos metabólicos y el crecimiento del cuerpo es también lo que gobierna nuestra conciencia.

Uno podría preguntarse si los resultados de la teoría de la relatividad están basados en un “mundo real” o en la conciencia y en sus interacciones con este mundo real. Esto tendría algunas consecuencias en el hecho de que la velocidad de la luz es considerada una constante natural fija. ¿Qué sucedería, por ejemplo, si las distancias entre los pares bases del ADN cambiaran? ¿Tendría esto un impacto en la velocidad de la luz? ¿Tal vez sea que la velocidad de la luz es constante ya que la luz es el factor que rige los procesos que determinan nuestra conciencia?  

Fascinantes pregunta de Popp, que en este mismo artículo científico, se pregunta también si existe una relación, como la que ocurre entre el tiempo y la velocidad, entre el tiempo y la conciencia, siendo que a medida que envejecemos el tiempo pasa más rápido, quizás porque perdemos coherencia celular  y capacidad de almacenamiento de fotones (recordemos que entre más cerca se esté de la velocidad de la luz más lento pasa el tiempo).  

A esto hay que añadir que la luz, ya sea que se comporte como onda o partícula en su extrañeza cuántica (siendo que al parecer existe como partícula sólo cuando es observada), es energía electromagnética pero a su vez también información. “La luz es energía pero también es información –contenido, forma y estructura. Es el potencial de todas las cosas”, escribió el físico David Bohm. Done hay información integrada, según el neurocientífico Cristof Koch,  hay experiencia, lo cual es igual a conciencia. Tenemos aquí una posibilidad de resolver el llamado problema duro de la conciencia, que se encuentra enfrascado en la difícil tarea de explicar cómo surge la mente inmaterial de procesos meramente materiales: si la luz es en sí misma la conciencia o la protoconciencia este problema desaparecería, resolviendo el asunto de una manera no-dualista, ya que la luz –que no tiene masa y que sin embargo es un fenómeno físico– parece ser el candidato perfecto para anular la dicotomía entre materia y espíritu. Tal vez los fotones, como los bits son las unidades básicas de información, sean de alguna forma unidades de conciencia.

Todo lo anterior raya en un extremo poético, que se antoja digno de la idea de Novalis de que “todo arte debe de ser transformado en ciencia y toda ciencia en arte”. E incluso en lo religioso, puesto que, no puedo resistir la tentación de mencionar la noción común a ciertas tradiciones esotéricas de que los practicantes avanzados logran transformar su cuerpo en luz y de esta manera alcanzan un estado de inmortalidad o de integración con la totalidad o la fuente misma de la vida. Tenemos la práctica taoísta de “regresar la luz” o hacer un cuerpo espiritual luminoso; el cuerpo vajra, cuerpo diamante, o cuerpo arco iris del dzogchen; la noción del místico sufí Ibn Arabi del “Hombre de Luz”, “el cuerpo del paraíso” del cual se habla en el Zohar de los cabalistas y quizás también el cuerpo de la resurrección de Cristo.

Escribe James Cross en el sitio Broad Speculations:

Entre más organizadas y en fase estén dos ondas, más coherencia existe. Los láser emiten luz coherente. A nivel cuántico, las partículas pueden considerarse como ondas. Cuando las partículas actúan en fase la una con la otra tenemos el fenómeno llamado coherencia cuántica. La teoría de Penrose-Hammeroff es que la conciencia es una forma de coherencia cuántica que ocurre en el cerebro para crear la conciencia[…]

Fotones y otras fuerzas electromagnéticas débiles interactuando con el substrato [cuántico] forman una infraestructura en red que coordina el crecimiento, división y la reparación [de las células]. La mente y la conciencia serían otra capa de estructura construida sobre los mecanismos de señalización ya presentes en la vida desde los primeros organismos unicelulares. La mente en este caso sería material y estaría hecha de ondas-partículas y de luz. El cuerpo de luz sería en cierto sentido literalmente verdad, no una metáfora o ilusión, pero no sería un segundo cuerpo. Sería nuestro verdadero cuerpo, el cual no es la masa de carne que creemos, sino, en realidad, una estructura cristalina y organizada de luz y materia.

En el dzogchen se habla de un proceso llamado phung po lhag med a través del cual el cuerpo humano se disuelve como tal y se convierte en un “cuerpo de luz” (od lus). El gran maestro del dzogchen, Longchen Rabjam escribe en uno de sus Siete Preciosos Tesoros, que una vez “que se han extenuado los elementos después de haber logrado la pureza primordial” y se han purificado “las sustancias internas y externas… en el caso del thod rgal, el adepto asume un cuerpo luminoso y alcanza el ‘Gran Movimiento'”. Sobre esto el académico Samten Karmay señala en su estudio clásico del dzogchen que esto es un signo de “el regreso a un estado primordial el cual se cree existe como una forma de luz”.

Tenemos aquí muchas ideas muy estimulantes y ciertamente no podemos llegar a conclusiones definitivas, pero podemos hacer una última conjetura: tal vez la llamada “iluminación”, o el despertar que describe el budismo, es un estado de coherencia estabilizada en todas las células del cuerpo, el cual ocurre por una purificación de los elementos y que alcanza una especie de homeostasis de la luz almacenada en relación al ambiente.

El TDAH y la sociedad

No atiende, es descuidado, se distrae con facilidad, le cuesta permanecer sentado, no sabe esperar su turno, interrumpe con frecuencia,… Estas características son cada vez más comunes en la población infantil. Cuando todos estos comportamientos son excesivos para la edad del niño, se dan tanto en el hogar como en casa y se percibe que están interfiriendo en su funcionamiento escolar o social, podemos estar hablando de la existencia de un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). El TDAH es actualmente el problema más frecuente en niños; la mayoría de los estudios lo sitúan aproximadamente en un 5-8% de la población infantil, lo que significaría que aproximadamente habría un niño con TDAH en cada aula. ¿Es eso posible? Muchos opinan que no, de ahí que exista toda una corriente que denuncia el sobrediagnóstico que desde los servicios de salud se está realizando. El objetivo de este aumento del diagnóstico sería el crecimiento de las ventas de fármacos por parte de la industria farmacéutica, ya que la medicación suele ser el primer tratamiento de elección sugerido por los sanitarios.

El fenómeno de aumentar la atención sobre determinadas enfermedades para así aumentar las ventas de fármacos se conoce como disease mongering. Así, la “creación” de nuevas enfermedades y la correspondiente prescripción de medicación no tendría como objetivo la mejora de la salud del paciente sino generar beneficios a los suministradores de medicamentos, lo que tendría un impacto de gasto tanto para los gobiernos como para los enfermos. ¿Por qué ha tenido tanto éxito esta estrategia? Paradójicamente, vivir en la época del “lo tengo todo” hace que sintamos más sufrimiento que en cualquier otro momento de la historia. Toleramos menos las adversidades y nos consideramos menos capaces de superarlas, por tanto la opción que nos plantea la sanidad de ponerle nombre a aquello que nos pasa y tomar una pastilla para solucionarlo parece apetecible. En este sentido, el aumento exponencial del uso de medicamentos contra el TDAH en los últimos años hace pensar que es un producto más del disease mongering, valga como prueba la información que publicó Diario Información hace unos meses y que compartí en Twitter:

¿Hay un niño hiperactivo en cada aula de España?

El TDAH es un trastorno inventado a medias, porque pese a que no existe un marcador biológico que nos indique la presencia del trastorno (el TDAH no aparece en los análisis de sangre, para que nos entendamos) sí que existe cierto consenso en que existen casos que, debido a una falta de maduración cerebral, pueden sufrir el problema, pero obviamente no llegan a ese 5% que dicen las estadísticas. El grueso de niños diagnosticados pertenece a lo que yo llamo un “TDAH del ambiente”. Esto quiere decir que sus síntomas (desobediencia, no atender, falta de seguimiento de las normas, etc.) se explican mejor por su ambiente que por un supuesto déficit en la maduración del cerebro. Veamos un ejemplo: un niño que vive en un ambiente poco estructurado, con una ausencia clara de normas y límites y con un estilo de disciplina parental poco estricto, inevitablemente desarrollará comportamientos que podrían encajar en un TDAH, pero su causa la encontraremos en casa, no en la cabeza del niño. Las evidencias que apuntan hacia esta causa ambiental son muchas, la más importante es la efectividad que las escuelas de padres tienen para “curar” el problema disminuyendo los síntomas y los problemas asociados y que he podido observar claramente en aquellas que imparto en mi práctica profesional.

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