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Palma de Mallorca

mayo 2017

Iniciación de Reiki nivel 1

noviembre 2016

Los seres humanos emitimos luz (y esa luz dice muchas cosas)

Estamos quizá ante uno de los descubrimientos científicos más fascinantes del siglo XX.  Alexander Gurwitsch, fue el que descubrió que los seres humanos emitíamos luz. En 1923, Gurwistch, también descubrió que los campos morfogenéticos, emitían una luz ultra débil dentro del rango de la luz ultravioleta; llamó a esto “radiación mitogenética”, al considerar que estaba relacionada con la división celular y el desarrollo morfológico del organismo; según Gurwistch la luz permitía que el campo morfogenético controlará el desarrollo embrionario. El descubrimiento, polémico y visionario, cayó mayormente en el olvido hasta que en la década de los setena, el científico alemán Fritz Albert Popp lo retomara.

Popp confirmó las observaciones de Gurwistch utilizando tecnología de “foto-multiplicación” ultra sensible y logró comprobar que el ser humano también emite luz, esto es lo que hoy se conoce como biofotones. Popp explica (1986):

“Prácticamente todos los organismos emiten luz a un ritmo estable desde unos pocos fotones por célula al día hasta varios fotos por organismo por segundo. Un creciente número de observaciones en los últimos 15 años en diferentes laboratorios en todo el mundo sugieren que los biofotones son emitidos por un campo coherente de fotones dentro de los sistemas vivientes. Los organismos son emisores y muy probablemente también receptores de señales electromagnéticas que parecen ser esenciales para su funcionamiento.”

La teoría de Popp sugiere que las células almacenan la luz del Sol y la luz que reciben de otros organismos y que el tiempo que logran almacenar la luz está relacionado a la duración y a la salud de la célula. Tenemos aquí las bases de un nuevo vitalismo.

Lo anterior aplica también a la fuerza nutritiva que tienen los alimentos. “Es muy probable que la calidad de la comida sea mejor cuanto mayor sea su capacidad de almacenar luz, y por eso medimos capacidad de almacenar luz”, dice Popp. En un trabajo para un conferencia, junto con la bióloga Mae Wan Ho, Popp hace referencia a la concepción de la vida de Albert Szen-Gyorgi, que es considerado como el padre de la bioquímica moderna: “la vida es la interposición entre dos niveles de energía de un electrón: el estado base y el estado excitado y, más aún, ya que es el electrón el que recorre el circuito, la vida en realidad es una pequeña corriente eléctrica dando vueltas y conectando a toda la naturaleza con el Sol y la Tierra”.

Esto parece coincidir con  la idea del famoso físico austriaco Erwin Shrödinger, quien postuló que las células vivas conservan altos niveles de organización absorbiendo “orden” del ambiente y este “orden” es obtenido de de la luz del Sol. A esta visión de la vida como la conexión electromagnética entre el Sol y todos los seres vivos, hay que añadir la también poética observación de Popp de que las células justo antes de morir incrementan su radiación biofotónica de manera exponencial, como si fueran supernovas. Millones de pequeñas estrellas mueren y nacen cada instante en nuestro cuerpo. Esto sugiere que una célula muere cuando pierde su capacidad de almacenar

Observaciones subsecuentes, han hecho que Popp considere que el grado de organización coherente de la emisión biofotónica de un organismo se correlaciona con la salud del mismo. Células cancerígenas, por ejemplo, carecen de coherencia; personas con esclerosis múltiples absorben demasiada luz y tienen un exceso de coherencia; personas en estado de estés igualmente emiten biofotones a ritmos acelerados en un esfuerzo por recobrar el equilibrio del organismo, el cual puede agotar las reservas de energía biofotónica en las células.

El hijo de Fritz Popp, Alexander, en una entrevista explica la relación entre el cáncer y la coherencia de la luz vital del organismo:

El cáncer es una falla en la comunicación entre las células que determinan el ritmo de crecimiento de manera precisa… El cáncer es entonces un error de coherencia que ocurre en la comunicación que se lleva a cabo a través de la luz. Y esta falla de consistencia puede detectarse por una medición, como lo hemos hechos en tiempos recientes.

Lo anterior nos sugiere que la salud es un estado de coherencia, es decir, de simetría y ritmo comunicacional entre las células que hablan un lenguaje de luz. En una investigación científica reciente publicada en jornal Gerontology and Geriatic Research, Hugo Nigil concluye que “Una síntesis de la investigación biofotónica actual, sugiere que los fotones ultra débiles en las células son los portadores de toda la información dentro de las células y los organismos”. Popp va más allá y sugiere que esta misma luz que parece orquestar los procesos metabólicos y el crecimiento del cuerpo es también lo que gobierna nuestra conciencia.

Uno podría preguntarse si los resultados de la teoría de la relatividad están basados en un “mundo real” o en la conciencia y en sus interacciones con este mundo real. Esto tendría algunas consecuencias en el hecho de que la velocidad de la luz es considerada una constante natural fija. ¿Qué sucedería, por ejemplo, si las distancias entre los pares bases del ADN cambiaran? ¿Tendría esto un impacto en la velocidad de la luz? ¿Tal vez sea que la velocidad de la luz es constante ya que la luz es el factor que rige los procesos que determinan nuestra conciencia?  

Fascinantes pregunta de Popp, que en este mismo artículo científico, se pregunta también si existe una relación, como la que ocurre entre el tiempo y la velocidad, entre el tiempo y la conciencia, siendo que a medida que envejecemos el tiempo pasa más rápido, quizás porque perdemos coherencia celular  y capacidad de almacenamiento de fotones (recordemos que entre más cerca se esté de la velocidad de la luz más lento pasa el tiempo).  

A esto hay que añadir que la luz, ya sea que se comporte como onda o partícula en su extrañeza cuántica (siendo que al parecer existe como partícula sólo cuando es observada), es energía electromagnética pero a su vez también información. “La luz es energía pero también es información –contenido, forma y estructura. Es el potencial de todas las cosas”, escribió el físico David Bohm. Done hay información integrada, según el neurocientífico Cristof Koch,  hay experiencia, lo cual es igual a conciencia. Tenemos aquí una posibilidad de resolver el llamado problema duro de la conciencia, que se encuentra enfrascado en la difícil tarea de explicar cómo surge la mente inmaterial de procesos meramente materiales: si la luz es en sí misma la conciencia o la protoconciencia este problema desaparecería, resolviendo el asunto de una manera no-dualista, ya que la luz –que no tiene masa y que sin embargo es un fenómeno físico– parece ser el candidato perfecto para anular la dicotomía entre materia y espíritu. Tal vez los fotones, como los bits son las unidades básicas de información, sean de alguna forma unidades de conciencia.

Todo lo anterior raya en un extremo poético, que se antoja digno de la idea de Novalis de que “todo arte debe de ser transformado en ciencia y toda ciencia en arte”. E incluso en lo religioso, puesto que, no puedo resistir la tentación de mencionar la noción común a ciertas tradiciones esotéricas de que los practicantes avanzados logran transformar su cuerpo en luz y de esta manera alcanzan un estado de inmortalidad o de integración con la totalidad o la fuente misma de la vida. Tenemos la práctica taoísta de “regresar la luz” o hacer un cuerpo espiritual luminoso; el cuerpo vajra, cuerpo diamante, o cuerpo arco iris del dzogchen; la noción del místico sufí Ibn Arabi del “Hombre de Luz”, “el cuerpo del paraíso” del cual se habla en el Zohar de los cabalistas y quizás también el cuerpo de la resurrección de Cristo.

Escribe James Cross en el sitio Broad Speculations:

Entre más organizadas y en fase estén dos ondas, más coherencia existe. Los láser emiten luz coherente. A nivel cuántico, las partículas pueden considerarse como ondas. Cuando las partículas actúan en fase la una con la otra tenemos el fenómeno llamado coherencia cuántica. La teoría de Penrose-Hammeroff es que la conciencia es una forma de coherencia cuántica que ocurre en el cerebro para crear la conciencia[…]

Fotones y otras fuerzas electromagnéticas débiles interactuando con el substrato [cuántico] forman una infraestructura en red que coordina el crecimiento, división y la reparación [de las células]. La mente y la conciencia serían otra capa de estructura construida sobre los mecanismos de señalización ya presentes en la vida desde los primeros organismos unicelulares. La mente en este caso sería material y estaría hecha de ondas-partículas y de luz. El cuerpo de luz sería en cierto sentido literalmente verdad, no una metáfora o ilusión, pero no sería un segundo cuerpo. Sería nuestro verdadero cuerpo, el cual no es la masa de carne que creemos, sino, en realidad, una estructura cristalina y organizada de luz y materia.

En el dzogchen se habla de un proceso llamado phung po lhag med a través del cual el cuerpo humano se disuelve como tal y se convierte en un “cuerpo de luz” (od lus). El gran maestro del dzogchen, Longchen Rabjam escribe en uno de sus Siete Preciosos Tesoros, que una vez “que se han extenuado los elementos después de haber logrado la pureza primordial” y se han purificado “las sustancias internas y externas… en el caso del thod rgal, el adepto asume un cuerpo luminoso y alcanza el ‘Gran Movimiento'”. Sobre esto el académico Samten Karmay señala en su estudio clásico del dzogchen que esto es un signo de “el regreso a un estado primordial el cual se cree existe como una forma de luz”.

Tenemos aquí muchas ideas muy estimulantes y ciertamente no podemos llegar a conclusiones definitivas, pero podemos hacer una última conjetura: tal vez la llamada “iluminación”, o el despertar que describe el budismo, es un estado de coherencia estabilizada en todas las células del cuerpo, el cual ocurre por una purificación de los elementos y que alcanza una especie de homeostasis de la luz almacenada en relación al ambiente.

El TDAH y la sociedad

No atiende, es descuidado, se distrae con facilidad, le cuesta permanecer sentado, no sabe esperar su turno, interrumpe con frecuencia,… Estas características son cada vez más comunes en la población infantil. Cuando todos estos comportamientos son excesivos para la edad del niño, se dan tanto en el hogar como en casa y se percibe que están interfiriendo en su funcionamiento escolar o social, podemos estar hablando de la existencia de un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). El TDAH es actualmente el problema más frecuente en niños; la mayoría de los estudios lo sitúan aproximadamente en un 5-8% de la población infantil, lo que significaría que aproximadamente habría un niño con TDAH en cada aula. ¿Es eso posible? Muchos opinan que no, de ahí que exista toda una corriente que denuncia el sobrediagnóstico que desde los servicios de salud se está realizando. El objetivo de este aumento del diagnóstico sería el crecimiento de las ventas de fármacos por parte de la industria farmacéutica, ya que la medicación suele ser el primer tratamiento de elección sugerido por los sanitarios.

El fenómeno de aumentar la atención sobre determinadas enfermedades para así aumentar las ventas de fármacos se conoce como disease mongering. Así, la “creación” de nuevas enfermedades y la correspondiente prescripción de medicación no tendría como objetivo la mejora de la salud del paciente sino generar beneficios a los suministradores de medicamentos, lo que tendría un impacto de gasto tanto para los gobiernos como para los enfermos. ¿Por qué ha tenido tanto éxito esta estrategia? Paradójicamente, vivir en la época del “lo tengo todo” hace que sintamos más sufrimiento que en cualquier otro momento de la historia. Toleramos menos las adversidades y nos consideramos menos capaces de superarlas, por tanto la opción que nos plantea la sanidad de ponerle nombre a aquello que nos pasa y tomar una pastilla para solucionarlo parece apetecible. En este sentido, el aumento exponencial del uso de medicamentos contra el TDAH en los últimos años hace pensar que es un producto más del disease mongering, valga como prueba la información que publicó Diario Información hace unos meses y que compartí en Twitter:

¿Hay un niño hiperactivo en cada aula de España?

El TDAH es un trastorno inventado a medias, porque pese a que no existe un marcador biológico que nos indique la presencia del trastorno (el TDAH no aparece en los análisis de sangre, para que nos entendamos) sí que existe cierto consenso en que existen casos que, debido a una falta de maduración cerebral, pueden sufrir el problema, pero obviamente no llegan a ese 5% que dicen las estadísticas. El grueso de niños diagnosticados pertenece a lo que yo llamo un “TDAH del ambiente”. Esto quiere decir que sus síntomas (desobediencia, no atender, falta de seguimiento de las normas, etc.) se explican mejor por su ambiente que por un supuesto déficit en la maduración del cerebro. Veamos un ejemplo: un niño que vive en un ambiente poco estructurado, con una ausencia clara de normas y límites y con un estilo de disciplina parental poco estricto, inevitablemente desarrollará comportamientos que podrían encajar en un TDAH, pero su causa la encontraremos en casa, no en la cabeza del niño. Las evidencias que apuntan hacia esta causa ambiental son muchas, la más importante es la efectividad que las escuelas de padres tienen para “curar” el problema disminuyendo los síntomas y los problemas asociados y que he podido observar claramente en aquellas que imparto en mi práctica profesional.

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Entrevista a Michael J Shea

octubre 2016

LA DANZA CELULAR DEL AMOR: el inicio de la vida

Según se ha podido observar en laboratorio, no es el espermatozoide más rápido y ágil el que culmina la “gran proeza” de “penetrar” un óvulo -tal como nos han contado-, sino que la concepción humana se basa en la MÁGICA COLABORACIÓN entre dos energías muy dispares, y a la vez, complementarias. El encuentro entre las células espermáticas con el óvulo da lugar a la llamada Danza celular del amor (técnicamente apodada Complejo de Atracción Pre-Concepción). Cuando la danza termina, si se ha producido la concepción, habrá “nacido” un nuevo ser humano, el cigoto, el organismo unicelular totipotencial: nuestra primera apariencia humana.
La comunicación y la cooperación, por tanto, son el origen de nuestra vida, no una desenfrenada carrera hacia la meta de la cual surge un “vencedor”. No hay competencia, sino colaboración. No hay lucha, sino amor. No hay muerte, sino vida.

Lídia Estany, comunicóloga prenatal y perinatal, autora del blog La Vida Intrauterina, nos introduce aquí al mayor misterio de todos, a una realidad bastante desconocida, que es justo todo el proceso antes de nuestra concepción, que culmina con ese vórtice energético que da lugar al inicio de cada una de nuestras vidas, al Humano punto cero.

Este fragmento forma parte de una magnífica conferencia en Plural 21 el pasado 30 de abril titulada “La consciencia humana antes de nacer“, formando parte del curso “Nuestro Origen. Nuestra Vida” junto a la bióloga María Jesús Blázquez. Esta es la tercera de cuatro partes.

Más Información AquÍ

 

septiembre 2016

La Vida Intrauterina

Está comprobado científicamente que los fetos no sólo sienten dolor sino que éste es más intenso que el de un adulto.


“Durante varias semanas los fetos y los recién nacidos
tienen los mecanismos de transmisión del dolor,
de excitación del dolor,
pero no los mecanismos de inhibición,
(…) por lo cual están en una situación que se llama
de hiperalgesia fisiológica:
cualquier estímulo les va a doler más.”
Dr. Francisco Reinoso
Conferencia del Dr. Francisco Reinoso, médico especialista en anestesiología y reanimación, en el marco del ciclo de conferencias de las I Jornadas Científicas de la organización provida Derecho a Vivir, realizadas en madrid el 15 y 16 de marzo de 2011. Información muy importante que aporta luz para despertar al maltrato físico que puede sufrir el ser humano antes de nacer, en particular en relación al aborto, pero extensivo a los vientres de alquiler, a las intervenciones obstétricas, a la circuncisión neonatal, etc…. Aunque todavía estos estudios ignoren todas las revolucionarias aportaciones sobre la psicología del bebé prenatal y perinatal (McCarty, Emerson, Hayton, Chamberlain, Verny, Castellino, Imbert, Barcelo, … entre muchos otros) que demuestran que el ser humano tiene conciencia, siente y es sensible a su entorno desde su concepción, y que por lo tanto, puede sentir no sólo el dolor físico sino también el dolor psicológico, reconocer únicamente que el feto siente dolor físco dentro del útero ya es motivo suficiente de respuesta social inmediata a su protección y cuidado.
“El feto va a estar especialmente desprotegido
para todo aquello que le hagamos dentro del útero”
“En la población pediátrica, en neonatos,
es el único grupo poblacional en el cual el dolor
puede acabar matando al recién nacido.”

agosto 2016

Terapia Creaneosacral Biodinamica

¿Cómo es una sesión?

En cada sesión de Biodinámica Craneosacral lo primero que necesitamos valorar es el grado de estrés y trauma que contiene el sistema nervioso autónomo (S.N.A.), los recursos disponibles, la capacidad de acceder a ellos para auto-rregularnos ó, cómo también decimos,  el nivel de resiliencia.

El propósito en primer lugar, es poder pasar de la fragmentación ( generada por nuestra historia y experiencias de vida no digeridas, síntomas, desconexión, etc.), a la Unidad ,que es nuestra naturaleza esencial. Para ello llevamos presencia y consciencia a lo que nos facilita sentirnos bien, a los recursos disponibles, dedicamos unos momentos a explorar cómo se sienten en el cuerpo, esto nos ayuda a tener una visión y percepción de nosotros mismos más unitaria y nuestra fisiología responde empezando a crear más espacio interno, un suspiro, un bostezo, el dolor duele menos, empiezan las señales de lo que llamamos asentamiento.

En esta primera fase del tratamiento empezamos sentados y continuamos en camilla. En la relación terapéutica observamos al cliente holísticamente, como una Unidad de Función, incluimos todo el tiempo en nuestra percepción el cuerpo con su campo o biosfera . Lo primero que ocurre en el cuerpo es que se unifica, se re-alinea y se descomprime, especialmente en todos los sistemas de fluidos, incluyendo la fascia o tejido conjuntivo, que es también esencialmente un sistema fluido con diferentes condensaciones y donde se establecen los patrones de tensión…

Durante este proceso el terapeuta se apoya en ciertos Principios Guía que ayudan a crear y establecer un  espacio adecuado, estando él mismo muy asentado, libre de prejuicios e intenciones, se convierte en una referencia para el asentamiento del cliente. Este asentamiento es esencial para que el Plan de Tratamiento, se despliegue Implícitamente en la Fisiología del cliente.

El contacto es muy suave y ligero y con esta actitud de Escucha Neutral, el terapeuta entrenado percibe la respuesta de la Respiración Primaria y sus Mareas en todos los tejidos y fluidos del cuerpo. La información clínica que es percibida en el sistema del cliente determina los diferentes principios que podemos aplicar. De esta manera podemos facilitar el proceso de liberar memorias de lesiones, traumas, sufrimiento y de restaurar el equilibrio celular u homeostasis. 

Los últimos 10 o 15 minutos, se dedican a la integración de los cambios que se producen, cambios que se obtienen sin ninguna manipulación externa, sino incrementando las propias capacidades de autorregulación.  

Es un trabajo extremadamente sutil y no intrusivo, que combina técnicas científicas con intuición y sensibilidad, en un espacio de Consciencia Meditativa.

Hoy en día recibimos tantos estímulos de nuestro entorno que constantemente vivimos situaciones de estrés, esto provoca que lleguemos a tener un estado permanentemente activado que dispara nuestra respuesta fisiología de adaptación a dicho estrés.

También una  mala nutrición, experiencias no completadas y mal digeridas, una actividad excesiva, preocupaciones, ansiedad emocional, factores ambientales, y un largo etc…Todo ello se refleja en un desequilibrio del sistema nervioso y más ampliamente en el sistema llamado psico-neuro- endocrino- inmuno – perceptivo , el cual tiene que  adaptarse constantemente a través de sus diferentes estructuras: hipotálamo, amígdalas cerebrales,  glándula pituitaria, glándulas suprarrenales y ciertos núcleos del tronco encefálico.

Las consecuencias de este desequilibrio desgraciadamente son fatales para nuestra salud y a la larga produce una gran variedad de síntomas y enfermedades como: infecciones, insomnio, infertilidad, ansiedad, fobias, dolores de todo tipo, fatiga crónica, y enfermedades autoinmunes entre otras.

Biodinámica Craneosacral facilita y apoya el proceso regulador de todas estas alteraciones sistémicas.

El lado Espiritual en Biodinámica Craneosacral

Por el Doctor Michael J. Shea.

“No hay ningún aspecto del ser humano: espíritu, mente o cuerpo, que no se revele a sí mismo en el cuerpo. Tocar a alguien es usar el verbo en el sentido activo. Estar en contacto sugiere algo más pasivo, un recibir o, en el mejor de los casos, una práctica compartida, de eso es de lo que trata nuestro trabajo. Durante la sesión se pone de manifiesto nuestras capacidades de oír la historia contada por el espíritu, la mente y cuerpo a través del palpitar del cuerpo. Contactaremos con el cuerpo con una conciencia tan presente y tan profunda que su historia se contará y será escuchada hasta su intención original. Esto permite retornar a la intención original y modificar apropiadamente en el presente los hábitos formados en experiencias pasadas. El principal objetivo de este trabajo es el de proporcionar una quietud y un espacio en el terapeuta en el cual el paciente confíe en ser escuchado. En este ser escuchado reside la curación. La Inteligencia sabe, el intelecto sólo puede saber parcialmente. Trabajamos a niveles que están más allá de lo que puede abarcar el mero intelecto y nos ponemos en contacto con la Inteligencia que subyace a toda enfermedad.”
Michael J. Shea PhD.

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