EL PULSO COMO DIALOGO 

TERAPÉUTICO

En el siglo XXI somos testigos desde lo cotidiano y más si cabe cuando afinamos nuestra conciencia, de estar dando un paso en dirección a lo intangible y de empezar a intuirnos, sumergidos en un proceso que nos lleva más allá de lo que se mide, pesa o cuenta.

‘Más allá’ quiere decir exactamente eso, pero como queremos tocar con los pies en el suelo su significante no nos hace caer en el olvido del más acá, sino que estamos en la pretensión de que el trabajo hecho (bien hecho) en el mundo físico nos abra las puertas a una dimensión más ligera, más liviana, dónde lo sólido pierde protagonismo y la Luz es el modo continuo de comunicación, el sentimiento su vehículo y su lectura el anticipo de lo que más tarde se manifiesta en la estructura física. Ese ‘trabajo’ no es otro más que el trabajo personal que permite avanzar en lo ético, en lo correcto, en el sentido del Bien, la Verdad y la Belleza en medio de un mundo donde lo cotidiano está bien servido del Mal Común en que estamos inmersos.

La falta de instrumentos ya no es excusa para poder demostrar que existen entre la Tierra y el Cielo un amasijo de mundos, de conciencias, de entidades, de verdades que se inter-penetran desde lo más sutil a lo denso físico-mineral; ese mundo físico donde nosotros encarnamos y donde la piedra se eleva al nivel de los dioses porque forma parte de nuestro organismo vivo, ese cuerpo físico tan perfecto obra del Creador que permite la vida dentro el él y la hace soberana a pesar de obrar en un ambiente hostil: el de la enfermedad. La dificultad para el ser humano no es otra más que la de no darse cuenta (y no es poca cosa) de que él es el instrumento posible para medir fuera del mundo físico todo el ambiente sutil que le rodea. Que él es un auténtico ser creativo; cultural, moral… ético, a pesar de estar sumido también en todo lo contrario. En el ser humano un pensamiento suficientemente afinado puede ser un medio excelente para crear lo que él cree.

Pensar una bendición o una maldición tiene tanta fuerza como lanzar una piedra o un beso en el mundo físico, pero cuando utilizamos este medio y cuando lo hacemos de forma éticamente coherente, es decir, cuando lo hacemos no por intereses, conveniencias, egoísmos, sino que lo hacemos porque lo amamos, porque sabemos que no se nos puede revelar aquello que no se ama, entonces ponemos en marcha los patrones de la coherencia espiritual y el área cardiaca se convierte, desde ese centro, en auténtico laboratorio de luz, y es entonces cuando estamos en disposición de ayudar a nuestro prójimo con nuestro conocimiento, con nuestro buen hacer, con nuestra palabra, con nuestro corazón, con nuestro saber y con nuestro ‘no saber’ que nos lleva al escuchar y acoger al otro, porque el que no sabe tiene que escuchar, buscar, investigar… Y entonces nuestro pensamiento, nuestro sentimiento y nuestra voluntad se convierten en un instrumento perfecto para el Arte de Curar y estar en armonía con la medicina del futuro que no es otra que la Medicina Personal.

La terapéutica natural con conciencia es una actividad constantemente creativa. Su ejercicio es un abordaje de salud versus un sistema de enfermedad. Un modelo terapéutico personalizado, teniendo en cuenta que el ser humano es reo de un entorno que no genera salud. Entender la enfermedad como proceso de aprendizaje es para el paciente una oportunidad de enfrentar las carencias personales y aprender fundamentalmente a conocerse uno mismo.

Alfons Vinyals Arnau

Investigador y consultor de salud en Terapias

Naturales Creativas y Energéticas en Elemental Salut

S.C.C.L. Barcelona