No atiende, es descuidado, se distrae con facilidad, le cuesta permanecer sentado, no sabe esperar su turno, interrumpe con frecuencia,… Estas características son cada vez más comunes en la población infantil. Cuando todos estos comportamientos son excesivos para la edad del niño, se dan tanto en el hogar como en casa y se percibe que están interfiriendo en su funcionamiento escolar o social, podemos estar hablando de la existencia de un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). El TDAH es actualmente el problema más frecuente en niños; la mayoría de los estudios lo sitúan aproximadamente en un 5-8% de la población infantil, lo que significaría que aproximadamente habría un niño con TDAH en cada aula. ¿Es eso posible? Muchos opinan que no, de ahí que exista toda una corriente que denuncia el sobrediagnóstico que desde los servicios de salud se está realizando. El objetivo de este aumento del diagnóstico sería el crecimiento de las ventas de fármacos por parte de la industria farmacéutica, ya que la medicación suele ser el primer tratamiento de elección sugerido por los sanitarios.

El fenómeno de aumentar la atención sobre determinadas enfermedades para así aumentar las ventas de fármacos se conoce como disease mongering. Así, la “creación” de nuevas enfermedades y la correspondiente prescripción de medicación no tendría como objetivo la mejora de la salud del paciente sino generar beneficios a los suministradores de medicamentos, lo que tendría un impacto de gasto tanto para los gobiernos como para los enfermos. ¿Por qué ha tenido tanto éxito esta estrategia? Paradójicamente, vivir en la época del “lo tengo todo” hace que sintamos más sufrimiento que en cualquier otro momento de la historia. Toleramos menos las adversidades y nos consideramos menos capaces de superarlas, por tanto la opción que nos plantea la sanidad de ponerle nombre a aquello que nos pasa y tomar una pastilla para solucionarlo parece apetecible. En este sentido, el aumento exponencial del uso de medicamentos contra el TDAH en los últimos años hace pensar que es un producto más del disease mongering, valga como prueba la información que publicó Diario Información hace unos meses y que compartí en Twitter:

¿Hay un niño hiperactivo en cada aula de España?

El TDAH es un trastorno inventado a medias, porque pese a que no existe un marcador biológico que nos indique la presencia del trastorno (el TDAH no aparece en los análisis de sangre, para que nos entendamos) sí que existe cierto consenso en que existen casos que, debido a una falta de maduración cerebral, pueden sufrir el problema, pero obviamente no llegan a ese 5% que dicen las estadísticas. El grueso de niños diagnosticados pertenece a lo que yo llamo un “TDAH del ambiente”. Esto quiere decir que sus síntomas (desobediencia, no atender, falta de seguimiento de las normas, etc.) se explican mejor por su ambiente que por un supuesto déficit en la maduración del cerebro. Veamos un ejemplo: un niño que vive en un ambiente poco estructurado, con una ausencia clara de normas y límites y con un estilo de disciplina parental poco estricto, inevitablemente desarrollará comportamientos que podrían encajar en un TDAH, pero su causa la encontraremos en casa, no en la cabeza del niño. Las evidencias que apuntan hacia esta causa ambiental son muchas, la más importante es la efectividad que las escuelas de padres tienen para “curar” el problema disminuyendo los síntomas y los problemas asociados y que he podido observar claramente en aquellas que imparto en mi práctica profesional.

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